Imagina tener sobre ti la atención de más de 200 millones de espectadores en uno de los eventos más esperados del año.
Darles puro espectáculo para dejarles sin palabras.
Y a los pocos días, imagina desaparecer de la escena social sin ningún tipo de precedente.
Bad Bunny lo ha vuelto a hacer. Dejando a casi 54 millones de seguidores en su cuenta de Instagram sin ningún tipo de contenido que ver, borrando sus publicaciones y hasta su foto de perfil.

Toda la atención sigue sobre él.
Hay quienes piensan que todo esto se trata de un boicot al país de las oportunidades. También hay quien opina que todo forma parte de una estrategia de marketing para un próximo lanzamiento musical, o quienes dicen que este gesto ha sido ejecutado para que sus nuevos fans lo busquen en Spotify y no en Instagram.
Pero, si en algo estamos todos de acuerdo, es que se trata de un movimiento magistral, una lección de cómo comunicar sin decir nada que nadie había pedido pero que sin duda necesitábamos. Con esta acción el cantante consigue el control total de la audiencia, marcando un ritmo de conversación basado en la expectación, haciendo que los ojos del público estén pendientes de su próximo gesto.
Aunque es cierto que no es el primero en llevar a cabo este tipo de estrategia. Estamos acostumbrados a ver cómo firmas de lujo como Gucci o Celine borran sus cuentas de un día para otro sin ningún tipo de explicación, generando impacto y convirtiendo la marca en un concepto completamente aspiracional. Algunas otras firmas, como Bottega Veneta o The Row incluso prescinden de algunas redes sociales. Pero cuando esto lo hace un artista como Bad Bunny, la jugada adquiere otra dimensión y es que, no se trata solo de estética o de sofisticación digital: se trata de poder narrativo (puro storytelling).
El artista ha convertido su perfil en una promesa. Un lienzo en blanco que genera preguntas, teorías y conversación orgánica, consiguiendo que millones de personas hablen de él sin que él tenga que decir absolutamente nada.
Nosotros ahora nos preguntamos: ¿puede una ausencia convertirse en el contenido más potente del año?